Después de relajarnos en la playa como os conté en el anterior artículo sobre nuestra ruta por la costa este de Alemania, seguimos nuestro camino hacia Barth, situado a 20 km de Prerow. Esta segunda parte de nuestro viaje por la costa este de Alemania nos llevó por pueblos curiosos, momentos surrealistas y paisajes inolvidables. Y aquí solo puedo decir una cosa: ¡en qué momento se nos ocurrió ir allí!
Barth, el pueblo fantasma
Todo empezó mal. El GPS nos mandó por una carretera cortada por obras. Intentamos una calle alternativa: sin salida. Un camino: sin salida. Un callejón, otra calle, otro desvío… ¡y nada! Parecía que el pueblo entero se empeñaba en no dejarnos entrar.

Cuando por fin conseguimos aparcar y empezamos a andar, la sensación fue extraña. Calles vacías. Tiendas cerradas. Casas apagadas, sin señales de vida. Ni una voz, ni un alma. Solo el maullido de un gato negro que se cruzó en nuestro camino y el aleteo de algún pájaro. No sabíamos si estábamos en un pueblo real, una maqueta o el decorado de una peli de terror.
Obviamente, comer fuera fue misión imposible. Menos mal que encontramos un supermercado antes de llegar al alojamiento.

Noche en el campo: buscando los nueve árboles
Nuestra casa estaba en mitad del campo. Durante la compra, recibimos las instrucciones del dueño:
¿Hola? ¿Mapa por coordenadas, por favor? Cuando vimos el vaho salir del río al cruzar el puente, supimos que esa noche iba a ser diferente.
Tardamos, pero encontramos el camino. Nos confundimos con una caravana de circo —drama—, pero recapacitamos y al final… ¡acertamos!

Es bonito levantarte con el canto del primer gallo. Abrir la puerta y ver todo lo que la noche ocultaba: campos verdes, tractores trabajando, gallos y gallinas correteando por el jardín, conejos, gansos y pollitos, alguna que otra oveja y mucha naturaleza.
Sellin, la guinda del viaje
La última etapa: Sellin, a 78 km de Barth. El trayecto nos llevó por caminos entre bosques y pueblitos que parecen sacados de una postal.

Antes de bajar a la playa, comimos en Blockhaus Glückswinkel, un restaurante que nos sorprendió para bien. Estaba junto al mar, pero los precios eran muy razonables: cada plato costaba solo 8,50 €. Un detalle a tener en cuenta es que en esta zona muchos restaurantes cierran entre las 16:00 y las 17:00.


El mirador de 1901
Poco a poco, el ambiente playero se hacía notar. Al llegar a las escaleras, lo vimos: el mítico mirador de Sellin, construido en 1901. Presidiendo la playa, el mar y todo el entorno. Cruzar sus tablas —reconstruidas una y otra vez— es como caminar entre historia y brisa marina.

Al final del mirador hay una plataforma submarina (entrada: 8 €) que se sumerge bajo el mar, aunque desde arriba no parecía muy profunda. También puedes coger un barco que te lleva al Parque Nacional de Königsstuhl.

Sellin fue el broche perfecto a esta escapada por la costa este de Alemania, con su histórico muelle y esa energía de verano eterno.
La montaña de arena
Queríamos cerrar el viaje como se merece: sol, playa, comida en la arena, chapuzón (congelado) y algo de aventura. Así que se nos ocurrió subir la montaña de arena que hay junto a la playa.

Sí, has leído bien: una montaña de arena. Subirla fue toda una odisea. Cada paso era como andar en una cinta que se hunde. Pero, ¿sabéis qué? Merece la pena. Las vistas desde arriba, el mar delante, la sensación de logro… y la mejor parte: ¡tirarse como si fuese un tobogán!
Porque somos niños. Porque nos gusta reír. Porque sí.
Y en este mágico rincón del planeta terminó nuestra aventura.
Si aún no has leído la primera parte de este viaje por la costa alemana, este es tu momento.

Aquí te dejamos un mapa con toda la ruta por la costa este de Alemania, por si te animas a vivir tu propia aventura. Y si lo haces, ¡cuéntanosla!
[googlemaps https://www.google.com/maps/d/u/0/embed?mid=1tupJiEFi4PxfCN43DFO8027vlzI&w=640&h=480]
Pingback: 4 días en coche por la costa de Alemania (1) - Traveleando por el mundo