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Riga en dos días (Parte 2): monumentos, rincones secretos y vida nocturna

Si ya leíste la primera parte de nuestro post sobre qué ver en Riga en dos días, sabrás que esta ciudad sorprende desde el minuto uno. Pero aún nos quedaban muchas cosas por descubrir… y Riga todavía tenía varios ases bajo la manga.

Prepárate para seguir callejeando, comiendo rico, cruzando ríos con la cara helada y descubriendo sitios que parecen sacados de un cuento.

Cruzando el río... y congelándote en el intento

Después de comer y de dar un paseo por el casco histórico, decidimos cruzar a la otra orilla del río Daugava. ¿En tranvía? Qué va, ¡andando! Spoiler: no fue la mejor idea si no os gusta el frío cortante en la cara.

En esta parte de la ciudad se encuentra la Biblioteca Nacional de Letonia. Desde fuera parece más una ópera moderna que un edificio cultural. Aún así, merece la pena acercarse… aunque sea solo para hacer la típica foto de las banderas letonas con el skyline de Riga al fondo.

Eso sí, mucho ojo si intentáis cruzar de un puente a otro por el paseo que bordea el río. En algún momento el camino simplemente… ¡se acaba! Y sí, nos tocó darnos la vuelta con la nariz congelada.

Vistas de Riga desde el otro lado del río

El Mercado Central de Riga: cerrado por poco

A la vuelta quisimos visitar el famoso Mercado Central de Riga, uno de los más grandes de Europa. Pero llegamos tarde: eran más de las 18:00 y ya había cerrado (abre de martes a sábado hasta las 18:00 y domingos/lunes hasta las 17:00). Aun así, dimos una vuelta por los alrededores.

Desde allí fuimos caminando hasta otro punto curioso: la Torre de Stalin, que hoy alberga la Academia de las Ciencias. Podéis subir hasta la planta 17 para ver las vistas desde el mirador. Justo al lado nos sorprendió una iglesia ortodoxa de colores vivos, la primera que veía con ese tipo de fachada tan alegre.

Torre de Stalin
Galería Riga

Cena medieval y noche de fiesta

Para cenar elegimos el Folkklubs ALA pagrabs, un restaurante con ambientación medieval que, algunas noches, tiene hasta espectáculo en directo. La comida estaba buenísima, y el sitio era enorme pero acogedor.

Después de cenar, la noche siguió con un cóctel en el Coco Loco, un bar jamaicano con buena música y juegos de mesa. Desde allí nos fuimos al Rock Café, que no es un bar cualquiera: es una discoteca de tres plantas con diferentes salas temáticas. Abajo hay karaoke y billar, en la principal sofás para tomar algo tranquilamente, y en la última planta, solo accesible si dejas el abrigo en el guardarropa, varias salas de conciertos y más sillones. ¿Raro? Mucho. ¿Divertido? También.

Concierto en el Rock Café

Siguiente día: historia, gatos y chocolate mágico

Con pocas horas de sueño, tocaba aprovechar el último día de este fin de semana en Riga. Empezamos con la visita a la Casa de los Cabezas Negras, uno de los edificios más famosos de la ciudad. Su historia me pareció brutal: ha sido destruida varias veces, pero siempre se ha reconstruido.

En su fachada puede leerse:
“¿Debería alguna vez desmenuzarme en polvo? No, debes reconstruir mis paredes”.

Y así ha sido, una y otra vez.

Casa de los cabezas negras

Después tocó uno de los retos más divertidos del viaje: encontrar el Kaķu Māja, o Casa de los Gatos. La fachada es como cualquier otra, pero en lo alto de su tejado hay dos gatos negros encorvados, que según la leyenda fueron colocados por un comerciante letón cabreado con el Gremio de Alemanes, como forma de protesta. Solo le aceptaron como miembro cuando prometió girar los gatos.


🧩 ¿Aceptáis el reto de encontrarlos vosotros también?

Chocolate, leyendas y esculturas alemanas

Para reponer fuerzas entramos en Black Magic, una chocolatería mágica donde nada es lo que parece. Tiene librerías secretas, decoración antigua, pasadizos ocultos… y un chocolate caliente que te arregla el cuerpo en segundos.

Ahí también podréis probar o comprar el famoso Black Balsam, un licor de hierbas típico letón. Cuidadito, que tiene lo suyo.

Paseando nos encontramos también con la escultura de los Músicos de Bremen, regalo de Alemania a Riga para conmemorar que ambas ciudades están hermanadas.

Comida final y vistas de infarto

Para la última comida de este viaje elegimos Citi Laiki, un restaurante que os recomendamos con los ojos cerrados. Platos abundantes, comida tradicional y un pan negro tostado con alioli que se nos quedó grabado en el alma.

Plato de entrantes con el típico pan negro tostado

Y para terminar con broche de oro… Gin Tonic en la planta 26 del Hotel Radisson Blu. Subir es gratis, y aunque la bebida no sea barata, las vistas panorámicas de Riga bien lo merecen.

Vistas desde el bar del Hotel Radisson Blu

¿Y ya? No del todo…

Cuando ya volvíamos al hostel, nos topamos con unas viajeras italianas súper simpáticas que iban a un bar de cerveza artesanal. Y claro, ¿cómo íbamos a decir que no?

El sitio se llama Labietis, y aunque está un poco escondido, el ambiente y la calidad de sus cervezas merecen la pena al 200%. Fue el brindis perfecto para despedirnos de Riga.

Cerveza artesana de Labietis

¿Merece la pena un fin de semana en Riga?

La respuesta es un rotundo sí. Si os gusta comer bien, descubrir ciudades poco turísticas, callejear sin rumbo y sorprenderos con cada esquina, Riga os va a enamorar. No se ve en un solo día, ni de broma.

👉 Y si pensáis seguir viajando por los Países Bálticos, no os perdáis la siguiente parada: nuestra aventura en Vilna, la sorprendente capital de Lituania.

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