¿Estáis planeando un viaje a la capital neerlandesa y no sabéis por dónde empezar? Entonces este post es para vosotros, traveler@s. Hoy os cuento qué ver en Ámsterdam, una ciudad vibrante, llena de historia, arte y con un estilo de vida que no deja indiferente.
Aunque hoy en día es una gran urbe llena de canales, turistas y bicicletas, Ámsterdam fue fundada en el siglo XII como un pequeño pueblo pesquero. Con el paso del tiempo se ha convertido en la ciudad más grande de los Países Bajos.
Seguro que cuando escucháis «Ámsterdam» lo primero que os viene a la mente son los famosos Coffee Shops. Pero esta ciudad es muchísimo más que eso: vida callejera, historia, arte y mucha cultura os esperan en cada rincón.

Cómo llegar a Ámsterdam
Al ser capital, está muy bien conectada. Podéis llegar en tren, avión o incluso en autobús. Yo la primera vez lo hice desde Berlín en bus. ¡Una locura total! Fueron ocho horas de viaje, pero si vais con presupuesto ajustado, puede ser una opción.
¿Dónde dormir en Ámsterdam?
No os preocupéis, al ser una ciudad tan turística hay alojamiento para todos los gustos. Yo me alojé en el Shelter Jordan Christian Hostel. Barato, acogedor y a solo 10 minutos andando de la estación central. Eso sí… ¡es el único hostel religioso de la ciudad! Me enteré haciendo el Free Tour.
Dentro está prohibido beber alcohol y por las tardes se reúnen a leer la Biblia. Ideal si buscáis tranquilidad, pero no si vais de fiesta.
Como punto positivo: desayuno buffet y cercanía al centro.
Desayuno local: Toastable
Si queréis probar un desayuno diferente, os recomiendo Toastable. Es un sitio pequeñito, muy cuco, donde sirven tostadas típicas holandesas. ¡Una auténtica delicia para empezar el día con energía!

Visita al Rijksmuseum
Aunque la mayoría empieza su visita en la Plaza Dam, yo prefiero hacerlo al revés. Comenzamos en el Rijksmuseum, el Museo Nacional de Ámsterdam. Está algo apartado del centro, pero se llega perfectamente caminando.
Este museo es perfecto para los amantes del arte. Su colección del Siglo de Oro neerlandés es brutal: Rembrandt, Frans Hals y la famosa «Ronda de noche» son solo algunos ejemplos. También podéis ver arte egipcio, asiático y disfrutar de unos jardines preciosos para descansar del ajetreo.

Heineken Experience
Seguimos con algo más relajado: la Heineken Experience, ubicada en la primera destilería de la marca (1867). Es una exposición interactiva donde conoceréis el proceso de elaboración de la cerveza, las calderas y sus ingredientes… y sí, la visita acaba con una degustación. 😉

Begijnhof: un remanso de paz
Volvemos al centro para visitar el Begijnhof, uno de los rincones más mágicos de Ámsterdam. Se trata de un barrio fundado en 1346 para una comunidad de mujeres laicas católicas, llamadas beguinas.
La entrada se hace desde la plaza Spui, a través de una discreta puerta con forma de arco. Una vez dentro, encontraréis un patio lleno de calma y la casa más antigua de Ámsterdam, con fachada de madera. Solo quedan dos así en toda la ciudad, ya que en 1521 se prohibió su construcción por el riesgo de incendio.

Muy cerca de aquí tenéis el Singel, el canal más cercano al centro de la ciudad y por consiguiente el que más vida tiene. Antiguamente rodeaba toda la ciudad y fue utilizado como foso hasta 1585. Es increíble cómo ha crecido la ciudad desde entonces.

Es en una de las orillas de este río, donde vais a encontraros con el famoso Bloemenmarkt, un mercado de flores flotante que data de 1862. No podéis estar en Ámsterdam y no comprar uno de sus tan famosos tulipanes.
Una de las calles más turísticas de Ámsterdam, puede ser la Rokin. Es una avenida que te lleva hasta la estación central y que para mi gusto es demasiado agobiante.
Si os habéis quedado con ganas de seguir descubriendo la ciudad, aquí seguimos explorando canales, plazas con historia y hasta el famosísimo Barrio Rojo. ¡No os lo perdáis, traveler@s!
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