Día 3: Iglesias únicas y rincones diferentes
El tercer día (aunque si vais con prisa se puede combinar con el segundo) lo dedicamos a conocer otros lados más tranquilos de Vilna, pero igual de interesantes.
Iglesia de Santa Ana y Monasterio de los Bernardinos
Pasear por las calles del gueto judío es otra de las cosas que tienes que hacer en Vilna. Por supuesto, no puedes irte sin ver la Sinagoga Coral. No es una de las más raras que he visto. Me parece bastante sencilla, pero es la única sinagoga que ha sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto en Vilna. Por eso es un lugar que merece ser visitado.

Sinagoga Coral
Pasear por las calles del gueto judío es otra de las cosas que tienes que hacer en Vilna. Por supuesto, no puedes irte sin ver la Sinagoga Coral. No es una de las más raras que he visto. Me parece bastante sencilla, pero es la única sinagoga que ha sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto en Vilna. Por eso es un lugar que merece ser visitado.

Iglesia de San Pedro y San Pablo
Y como siempre, hay algo que no tienes planeado, pero que decides incluirlo a última hora y te acaba sorprendiendo más de lo esperado. Pues en este viaje fue la Iglesia de San Pedro y San Pablo.
Esta iglesia la encontré de casualidad. Está bastante alejada del centro de la ciudad, pero cuando bajaba de la colina de las tres cruces decidí dar un paseo por la orilla del río.


Su exterior no es muy llamativo. Tengo la manía de entrar en todas las iglesias abiertas que veo, y en esta, menos mal que entré. Me quedé con la boca abierta cuando vi lo bonita que era por dentro. ¡Una de las más bonitas que he visto!
A diferencia de otras iglesias, esta está decorada solamente en estuco blanco. Tiene una infinidad de detalles por todos lados, incluso una lámpara de cristales en forma de barco.

Creo que aunque esté un poco alejada, merece la pena acercarse y disfrutar de esta maravilla. Así a la vuelta puedes caminar por el paseo construido a orillas del río Neris.
Miradores de Vilna: la ciudad desde las alturas
Después de tanta iglesia, tocaba subir un poco para ver la ciudad desde lo alto. Y Vilna tiene unos miradores brutales:
Colina de las tres cruces
Mirar hacia arriba desde la plaza de la catedral es sorprenderte con el castillo de Gediminas en lo alto. Aún te sorprenderás más cuando veas que si sigues subiendo la mirada, 3 cruces se levantan en el cielo de Vilna. Este es otro de los puntos de interés de la ciudad. Monumento de identidad nacional y resistencia.
Se puede llegar hasta ellas a través de un camino que hay junto al río. La subida es un poco cansada, las vistas desde arriba son espectaculares, tendrás toda Vilna bajo tus pies.

Torre del castillo de Gediminas
Uno de los símbolos de Vilna. Se puede subir a pie o en funicular. Desde arriba, la vista de los tejados del casco antiguo es de postal.

Campanario de la catedral
Otra opción para los fans de las alturas. Se sube por escaleras, pero merece la pena por la vista directa a la plaza.
Últimos paseos por el centro y despedida
La última tarde en Vilna la pasamos callejeando sin rumbo. Algunos rincones que merecen una parada:
- Mercado de Halès: Un mercado local auténtico, perfecto para curiosear productos lituanos y comprar algún recuerdo foodie.
- Palacio de los Grandes Duques de Lituania: Situado justo al lado de la catedral. No lo visitamos por dentro, pero impresiona por fuera.
- Museo MO: Para los amantes del arte moderno. Nosotros no entramos, pero su edificio blanco y minimalista destaca mucho.
Y, como no podía ser de otra forma, cerramos el viaje con otra visita a Snekutis. ¡Esa sopa rosa fría crea adicción!
¿Merece la pena visitar Vilna?
¡SÍ, y mucho! Vilna es una ciudad poco conocida pero súper completa: arte, historia, naturaleza, comida rica y ambiente joven. Todo ello en un formato manejable y económico.
Para mí, fue el broche perfecto al viaje por los países bálticos. Si os gustó Riga, Vilna os va a flipar con su estilo propio, su rollo alternativo y su mezcla de culturas.
¿Queréis saber cómo fue la primera parte del viaje por los Bálticos?
👉 Riga en dos días (Parte 1): qué ver, comer y hacer en un fin de semana