Camping en Cyprus Lake

Como siempre, visitar un país es una experiencia enriquecedora, pero mucha gente estará de acuerdo conmigo, en que visitarlo con alguien nativo es algo muchísimo mejor. No sólo te aleja de los lugares turísticos, el engaña-turistas que tanto dinero saca, sino que te ayuda a conocer los pequeños lugares que la gente frecuenta, sus costumbres y una mejor visión de cómo se vive realmente en ese lugar.

Por suerte, yo he tenido la oportunidad de conseguir esto viajando a Canadá, o mejor dicho, a Ontario (para quién no lo sepa, Ontario es una provincia de Canadá cuya capital es Toronto). Allí he podido descubrir cómo son los canadienses en todo su esplendor.  Muchas cosas quizás ni siquiera sean canadienses, sino simples costumbres de este grupo de amigos. Por ejemplo competiciones anuales de dardos, donde en lugar de tener dianas, se usan latas de cervezas, específicamente tres por pareja para cada ronda.

Las reglas son muy sencillas:

  1. Guardar la distancia.
  2. Permanecer sentado al tirar.
  3. La lata de cerveza debe estar entre medias de tu compañero y tú.
  4. Los dardos deben ser de hierro para que sean capaces de romper la lata de cerveza.
  5. Al romperla, el equipo dueño de esa lata debe bebersela antes de tirar el siguiente dardo.
  6. Quien rompe las tres cervezas antes, gana la ronda.

Sin embargo, en los siguientes niveles se juegan con más latas (cinco en total) y se usan puntos (en caso de empate). Participar fue una experiencia única. Todos muy motivados y esperanzados en ser los ganadores, aunque sólo puede ganar una pareja.

Otra de las cosas por lo que me alegró mucho visitar Toronto con un canadiense fue por descubrir su día a día en la vida en la ciudad y en los pueblos adyacentes, ver un partido de béisbol de los BLUEJAYS (equipo de Toronto), e ir de camping. Y esto es lo que hoy quiero contaros.

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Como una buena americanada, los boy scouts en uno de los pasatiempos a los que los niños canadienses son apuntados por sus padres para descubrir la naturaleza y ser unos buenos hombres/mujeres. Una de las actividades que ellos hacen es ir de camping. Por lo tanto, probablemente todos ellos sepan encender un fuego, montar una tienda de campaña, y cumplir las reglas de seguridad en mitad del bosque para estar a salvo de animales como osos, ciervos o mapaches.

Yo nunca he sido miembro de los boys scouts, ni he ido de camping en mitad del bosque más allá de la Sierra de Cazorla, por lo que esta experiencia para mí es mucho más especial.

Nos levantamos muy temprano para terminar de prepararlo todo y conducir hasta la península de Bruce. Después de tres horas y una parada para un desayuno de campeones llegamos al camping. Lo primero que nos encontramos fue que en nuestro sitio reservado había ya un coche. “Quizás estén recogiendo para irse”, pensamos. Así que decidimos aparcar y hacer senderismo mientras quien fuese que estuviese ocupando nuestro lugar tuviese tiempo suficiente para guardar todo y marcharse.

El camping Cyprus Lake en sí tiene sus rutas para hacer senderismo y ciclismo de montaña. Las vistas eran preciosas, andabas por una ruta por la que pasaban pequeños riachuelos que desembocaban en el lago.

Ciprus Lake (1)

El día era soleado, y con 23 º por lo que no habían muchos insectos y yo estaba super contenta (cuando estuvimos en Lake of Two Rivers, los moquitos eran insoportables). Después de andar sobre una hora llegamos a unas rocas gigantes que estaban cerca de la orilla del mar.

Ciprus Lake (4)

El agua era clarísima y la gente estaba allí disfrutando de esa playa sin arena, sólo con rocas enormes. El agua estaba fría pero a falta de pan …

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Nosotros continuamos nuestro camino para buscar el “Grotto”, unas cuevas con agua que merecían una parada. Para llegar a ellas tenías que descender unos tres o cuatro metros. Sin embargo las rocas eran un poco resbaladizas y no tenían un fácil acceso. Bajamos tres cuartos, e intentamos bajar el último tramo también Cuando estábamos bajando nos dimos cuenta de que era imposible llegar al fondo sin resbalarnos o mojar todas nuestras pertenencias (incluida la cámara de fotos, y no estaba dispuesta a perder mi repertorio fotográfico del viaje), por lo que decidimos dar marcha atrás.

Ciprus Lake (10)

Continuando el camino llegamos a una playa de piedras blancas completamente vacía. Allí encontramos este símbolo de rocas, que después descubrí que es típico canadiense:

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Tras un buen rato andando por las rocas de la costa, decidimos volver para montar la tienda de campaña. Al llegar a nuestra plaza número 28, ¡descubrimos que el coche seguía allí! ¡Tres horas después aún no se habían ido! Yo pasé por el coche maldiciendo todo lo que se meneaba y de repente alguien nos habló desde el interior. Un señor estaba allí durmiendo la siesta con ninguna intención de marcharse, puesto que no sabía que estaba reservado. Le explicamos que teníamos ese sitio para nosotros y que él debía marcharse a uno que estuviese vacío. La verdad, que el señor muy amable recogió y se marchó.

Montamos nuestra tienda, encendimos el fuego y nos dispusimos a disfrutar de unas buenas hamburguesas. Al rato descubrimos que no estábamos solos: varias ardillas y un mapache nos acompañaba. Yo quería echarles de comer, pero mi novio impidió que llevase mi misión a cabo: “NO DES DE COMER A LOS MAPACHES. NUNCA”. Dice que son peligrosos, que a veces atacan a la gente por comida. No sé, yo los veo tan adorables, igual que las ardillas. Por lo tanto, cuando el mapache se acercaba, él le gritaba para espantarlo. A mí la verdad me daba penilla, pero bueno, él conoce mejor como va todo esto. Comímos y disfrutamos del fuego hasta entrada la noche y nos fuimos a dormir para madrugar al día siguiente que nos esperaba una gran excursión en la ciudad de Tobermory.

Al día siguiente alquilamos la equipación de buceo en Tobermory compuesto por: traje, zapatillas, máscara y tubo. Ponerme el traje sin ayuda era misión imposible, ¡qué cosa más ajustada! No se cuanto tiempo íbamos a estar buceando pero en la tienda decía explícitamente: “No hacer pipi en el traje o se pagará CAN$100 extra”. “¿¡what!?” Menos mal que lo había hecho antes, pero vaya, que lo leí después de ponerme el traje, y por suerte no tuve que ponermelo dos veces, ¡jajá!

Con nuestra equipación puesta condujimos hasta uno de los sitios permitidos para bucear. Cuando nos metimos en el agua, ¡ay diosito, que cosa más fría! 2 segundos después era imposible estar allí sin gorro de neopreno y sin guantes, por lo que salimos y fuimos a la tienda otra vez para alquilar lo que nos faltaba. Con todo esto ya no sentias el frío aunque el agua estaba congelada. El traje flotaba y era muy difícil tratar de llegar al fondo pero estuvo muy chulo. El agua del puerto de Tobermory es la más clara de Ontario y además cuenta con barcos centenarios hundidos que puedes observar mientras buceas. Fue muy muy bonito, me encantó.

Tras tres horas y no hacernos pipí en el traje, nos fuimos a un pequeño muelle a descansar ya sin los trajes y a tomar un poco de sol. Quizás era por ser entre semana, o porque por lo general no hay mucha gente, pero ese lugar era un sitio perfecto para dejar tu mente vacía y disfrutar de todos tus sentidos.

Ya de vuelta en el camping, decidimos acercarnos al lago Cyprus antes de cenar. El agua es translúcida como en todos los sitios de esta península. Nos quedamos para ver la puesta de sol allí y después iríamos a encender el fuego para cocinar.

Ciprus Lake (27)

Nos dimos cuenta de que sólo quedaba media hora para que el sol se pusiese por completo y nos quedasemos sin luz, por lo tanto, volvimos del lago y decidí sacar todo lo necesario del coche y ponerlo en las mesas. El pan, las salchichas, el tomate, los marshmallow (malvavisco), el chocolate y las galletas. Para quien no lo sepa (como yo antes de conocerlo aquí), el malvavisco es una especie de nube de azúcar que se pone al fuego y se come como un sándwich de galleta con un poco de chocolate.

Ciprus Lake (17)

A los 3 minutos de estar preparando el fuego, apareció el mapache, acercándose a la basura. Tuvimos que pegarle cuatro gritos para espantarlo y por suerte se fue. Volvió otra vez cuando ya teníamos el fuego listo. Volvimos a espantarlo. A mí me hacía mucha gracia cuando mi novio se alteraba tanto cuando se acercaba, a mi me seguía pareciendo mono.

Empezamos a hacer las salchichas por lo que toda nuestra atención se centró en que no se nos quemasen. Sin embargo a los pocos minutos de estar moviendo las salchichas oímos unos gritos de nuestros vecinos y descifré que decían “¡mapache!”. Nos volvimos y vimos que el mapache estaba cogiendo la bolsa de los malvaviscos y ¡corriendo con ella! ¡¡El p*** mapache me robó mi postre!! No contento con ello, ¡volvió otra vez! Ya no me parecía mono. ¡Me parecía un c*br*n! Entonces descubrimos que la bolsa de basura que habíamos dejado allí estaba agujereada, ya que no íbamos a llevarla todo el día en el coche con el calor (y no estaba tan llena como para tirarla, o simplemente no se nos ocurrió llevarla al contenedor). ¡El mapache había estado todo el día rebuscando en nuestra basura, cogiendo cosas y llevandoselas a su madriguera! Por eso volvía cada 5 minutos a nuestro sitio, ¡oh no!

Se hizo de noche y aún no estaban terminadas nuestras salchichas y el mapache seguía al acecho. Recogí todo lo que no íbamos a usar, cerré el coche y lo que íbamos a necesitar para cenar lo cogí en mis brazos. Ese mapache me quitó el postre, pero ¡no me iba a quitar la cena! El animal fue a visitar a nuestros vecinos que era un grupo de boy scouts. Lo volvieron a espantar. Nadie quiere a los mapaches, fue una de las enseñanzas que aprendí de excursión. Después de un par de minutos el mapache volvió a nuestro sitio. Esta vez todo a oscuras y nosotros con nuestras linternas tratando de descubrir si vendría o no, vimos unos puntos brillantes entre las plantas. ¡ay ay ay, los ojos del mapache brillan en la oscuridad de una manera diabólica! Contando con que todo estaba a oscuras, no había ruidos (puesto que no está permitido “hacer fiesta” a partir de las 22:00), de que el viento hacía el típico ruido que hay en las películas antes de ser atacado por algo, y morir allí, yo estaba acojonada. Comimos considerablemente deprisa ya que ambos tratábamos de ocultar que estábamos asustados. Recogimos y permanecimos disfrutando del fuego. Diez minutos después estábamos muy cansados y decidimos que era mejor apagar el fuego e irse a dormir con el miedo en el cuerpo, puesto que ¡pensábamos que el mapache podría entrar a la tienda a buscar comida y atacarnos en el intento! Aunque era poco probable…

El día siguiente estuvo casi todo el rato lloviendo y aprovechamos un ratito que hubo para recoger la tienda y hacer de comer antes de volver a casa. Aquí fue cuando conseguí unas bonitas fotos de una ardilla:

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En definitiva, una bonita experiencia que sin duda, no hubiese tenido si no hubiese sido porque visité Canadá con un canadiense.

Ciprus Lake (14)

Espero que te hayan gustado mucho las fotos, y si quieres ver más, visita Flickr o síguenos en Instagram, ya que diariamente colgamos fotos tomadas por nosotras mismas sobre los viajes que hacemos, post, o nuestra vida cotidiana.

Escrito por Ana Casado.

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